La arquitectura brutalista soviética: el hormigón como símbolo de poder y funcionalidad.

Durante gran parte del siglo XX, especialmente entre los años 50 y 80, la arquitectura soviética adoptó una estética que hoy reconocemos como brutalismo. Este estilo, caracterizado por su uso masivo del hormigón visto, líneas rectas y formas monumentales, se convirtió en un lenguaje arquitectónico predominante en la Unión Soviética y en muchos países de su órbita.

El brutalismo no solo fue una elección estética, sino también funcional y política. En un contexto de rápida urbanización y necesidad urgente de viviendas, edificios públicos e infraestructuras, el uso de elementos prefabricados de hormigón permitió construir de forma rápida, económica y estandarizada. Gracias a esta tecnología, se levantaron miles de bloques de apartamentos, centros culturales, estaciones, universidades y sedes administrativas que aún hoy siguen en pie como testigos de una época.

Uno de los ejemplos más representativos es el Palacio de Congresos de Moscú (Kremlin Palace, también conocido como el Palacio Estatal del Kremlin), construido en 1961. Situado dentro del propio Kremlin, este edificio de líneas rectas y gran volumen se caracteriza por su fachada de vidrio y mármol, pero su estructura es de hormigón armado. En su interior se utilizó ampliamente el prefabricado para techos, muros y elementos ornamentales, demostrando cómo el brutalismo también podía dialogar con espacios institucionales de prestigio.

Palacio Estatal del Kremlin es la denominación oficial desde 1992 del Palacio de los Congresos construido en 1961 en el antiguo conjunto arquitectónico del Kremlin de Moscú.

También destaca el Instituto Científico de Investigación de Kiev, cuya estructura maciza y horizontal parece emerger del suelo como una fortaleza futurista. Las largas franjas de ventanas incrustadas en muros de hormigón rugoso acentúan su carácter funcionalista y sobrio, típico del estilo.

Y sin duda, uno de los edificios más icónicos del brutalismo soviético es el Sanatorio Druzhba en Yalta, Crimea. Diseñado por Igor Vasilevsky y Yulian Lutskevich en 1985, este sanatorio con forma de anillo elevado sobre pilotes se asoma al mar Negro con una silueta futurista. Su diseño responde tanto a criterios estéticos como estructurales: el anillo permitía una ventilación natural, sombra sobre las zonas comunes y vistas panorámicas para todas las habitaciones. Toda su estructura fue realizada en hormigón armado, con un uso intensivo de piezas prefabricadas, que facilitaron su construcción en un terreno costero complejo.

Vista frontal del Sanatorio Druzhba en Yalta.

En todos estos casos, el hormigón no se ocultaba, sino que se exhibía con orgullo. Las texturas se dejaban ásperas, los encofrados marcaban patrones que enriquecían la superficie y las formas se diseñaban pensando en la monumentalidad. Era una arquitectura sin adornos, pero con una enorme carga simbólica.

Hoy, muchas de estas construcciones son objeto de admiración por parte de arquitectos y aficionados al diseño, que valoran su audacia formal y su expresividad estructural. Y aunque su estética pueda parecer fría o severa, lo cierto es que el brutalismo soviético puso en valor el potencial del hormigón prefabricado como vehículo para una arquitectura funcional, resistente y cargada de significado.

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